Al principio, creo que nunca se es consciente
de que lo sucedido deja una huella imborrable,
un corazón escarchado, una mirada infinita,
y un grito de rabia y silencioso.
Lentamente vas cayendo en la cuenta...
y la sangre comienza el luto, helando tus manos;
aunque tu alma esté desangrándose tanto
que sientas que te abrasa por dentro.
No entra en este sucio juego, y nunca lo hará,
el entendimiento como parte de las reglas.
Solo queda el recuerdo y el amor de aquellos
que vieron en sus ojos el brillo de su luz.
Quien se marcha así para no volver
merece el sabor de mil sonrisas,
el amor más puro y un poema infinito.
Pero la vida no es justa...
... ni las fuerzas del que recuerda aguantan tanto.
Hay una bata blanca con un Dña. Ana bordado en rojo para ti en el cielo.
Descansa en paz, compañera.
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