sábado, 20 de diciembre de 2014
El Vals del Adiós
Las manos de la música suavemente posadas
sobre las caderas de la nostalgia.
Y el reflejo de su mirada tatuada
en las pupilas dando paso a la magia.
Un, dos, tres; un, dos, tres...
Se abre el baile, y fácilmente inician
pasos improvisados en perfecta conjunción.
Al son de un recuerdo de besos y caricias,
que bajo una lluvia intensa nació.
Un, dos, tres; un, dos, tres...
Movimiento intermedio, la desolación
y en el salón relucen los pasos al compás.
Vestido de incombustible perdedor,
a juego de las heridas con sal.
Un, dos, tres; un, dos, tres...
Ya suena el último movimiento
El salón contempla con esplendor
como sus almas se beben lento,
terminando enlazados la canción.
Un, dos, tres; un, dos, tres.
Termina la música, esbozan una sonrisa,
aún queda el último paso del vals,
despedirse siempre se complica
cuando uno no quiere olvidar.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Era verso
Una cerveza tan helada que le costaba atravesar el cuello de la botella, dos amigos que me habían convencido a última hora para salir, y un sonido ambiente propio de un bar de mala muerte que sirve cerveza a bajo precio aliñado con un grotesco olor a sudor. Y allí estaba sentado yo, en una mesa con dos amigos haciendo como si escuchara a uno de ellos hablar de la irlandesa a la que le comió la boca la noche anterior e intentando hacer como que me reía acompasadamente con sus risas. Allí estaba yo divagando en el infinito.
De pronto, una chica entró por la puerta de aquel bar, distinguiéndose entre el gentío amontonado en la barra. Letra descuidada y un tatuaje en la muñeca con rima rizada y rojiza casi de bosque otoñal. Era verso. Tan verso que sus pestañas hacían sinalefa encajando la métrica perfecta de sus labios con sus caderas. Esa chica era tan verso que Lope se hubiera resignado y lanzado sus sonetos al fuego de la chimenea. El verso alejandrino más surrealista plasmado en carne y hueso.
Yo estaba allí, a escasos metros de aquella chica cuando sin boceto ni planteamiento previo, sonrió. Dibujó una sonrisa pura, sincera. Y las golondrinas de Bécquer volvieron para verla sonreír. Y la Nana de la Cebolla dejó de llorar. Y yo no pude más que empatizar con Stendhal. Solo esa sonrisa ya era Florencia entera.
No pude prevenirlo. Juro que no pude adelantarme a sus pasos. Sin poder hacer nada al respecto, ella caminaba hacia donde yo estaba, con mi cerveza casi caliente y mis amigos. Y cuando el Romancero Gitano se percató de su venida no pudo más que agachar la cabeza sumiso. Y mi corazón se puso a galopar, a galopar, hasta enterrarme en el mar. Su fragancia me envolvió mientras continuaba su paso. Pasó por mi lado, siguiendo en su camino sin mirar atrás. Vi como la sinalefa de sus pestañas se devanecía con la métrica de sus labios. Y fui vencido. Aun con manuales y tácticas de Benedetti fui vencido. Y el rayo cesó.
Comenté con mis amigos el irnos a otro lado. No pusieron reparos. Y fuimos a otro antro, buscando mujeres que no conocieran de poetas ni segundas noches. Mujeres que nunca lloraron el poema veinte de Pablo Neruda.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Elegía a una compañera
Al principio, creo que nunca se es consciente
de que lo sucedido deja una huella imborrable,
un corazón escarchado, una mirada infinita,
y un grito de rabia y silencioso.
Lentamente vas cayendo en la cuenta...
y la sangre comienza el luto, helando tus manos;
aunque tu alma esté desangrándose tanto
que sientas que te abrasa por dentro.
No entra en este sucio juego, y nunca lo hará,
el entendimiento como parte de las reglas.
Solo queda el recuerdo y el amor de aquellos
que vieron en sus ojos el brillo de su luz.
Quien se marcha así para no volver
merece el sabor de mil sonrisas,
el amor más puro y un poema infinito.
Pero la vida no es justa...
... ni las fuerzas del que recuerda aguantan tanto.
Hay una bata blanca con un Dña. Ana bordado en rojo para ti en el cielo.
Descansa en paz, compañera.
de que lo sucedido deja una huella imborrable,
un corazón escarchado, una mirada infinita,
y un grito de rabia y silencioso.
Lentamente vas cayendo en la cuenta...
y la sangre comienza el luto, helando tus manos;
aunque tu alma esté desangrándose tanto
que sientas que te abrasa por dentro.
No entra en este sucio juego, y nunca lo hará,
el entendimiento como parte de las reglas.
Solo queda el recuerdo y el amor de aquellos
que vieron en sus ojos el brillo de su luz.
Quien se marcha así para no volver
merece el sabor de mil sonrisas,
el amor más puro y un poema infinito.
Pero la vida no es justa...
... ni las fuerzas del que recuerda aguantan tanto.
Hay una bata blanca con un Dña. Ana bordado en rojo para ti en el cielo.
Descansa en paz, compañera.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Lo imposible
Unos ojos que amanecen enfrentados a la pared,
un café a solas y
un coche donde solo habla la radio
o donde roban besos las hojas secas al parabrisas.
Un buenos días que suena a silencio o a grito de rabia,
una guitarra que le canta a alguien... para nada,
unas manos que escriben su nombre sobre apuntes,
o en el espejo empañado del baño.
Una cena para dos con la mitad guardada para mañana,
un móvil que ya no suena antes de dormir,
unos ojos que anochecen enfrentados al futuro
o a la misma pared.
A lo largo del día todo le recordaba a su ojos,
pues vestían una mirada tan imposible
como el eclipse de sol que esconde
los errores del pasado.
un café a solas y
un coche donde solo habla la radio
o donde roban besos las hojas secas al parabrisas.
Un buenos días que suena a silencio o a grito de rabia,
una guitarra que le canta a alguien... para nada,
unas manos que escriben su nombre sobre apuntes,
o en el espejo empañado del baño.
Una cena para dos con la mitad guardada para mañana,
un móvil que ya no suena antes de dormir,
unos ojos que anochecen enfrentados al futuro
o a la misma pared.
A lo largo del día todo le recordaba a su ojos,
pues vestían una mirada tan imposible
como el eclipse de sol que esconde
los errores del pasado.
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