miércoles, 25 de febrero de 2015

Un suspiro

Una brisa danzaba con mi pelo y le robaba la vida a mis labios. El frío de la noche húmeda intentaba atravesar mi cazadora en busca de mis huesos. El silencio exigía jurisdicción en lo alto de aquel santuario. Presenciar esa escena era vivir una dimensión desconocida para el resto de la rutinaria humanidad: miles de luces resplandeciendo hasta el horizonte, los focos de algún coche que serpenteaba por la montaña, la vida recuperando el aliento que tantas veces se le ha arrancado.

La ciudad. Y una luna enorme, casi llena, vigilante. El tiempo casi inerte, se quedaba también observando la panorámica. El aire no era puro, sino segundos de vida que ganaba con cada inspiración. No necesitaba música para aquel momento, sino que el propio latido del corazón ya marcaba el ritmo lento que la imaginación se encargaba de acompañar. Después de tantísimo tiempo, era la primera vez que su corazón latía y repartía al resto del cuerpo un suspiro de paz.