Maldigo este mundo
que, indebidamente fraccionado,
ha creado en las miradas
manantiales de impotencia en aquellos
que no perdieron su capacidad de hablar,
pero sí de ser escuchados.
Maldigo la decencia
que, durante sus largas vacaciones,
ha dejado nacer
buitres disfrazados de gaviota
donde el traje y corbata es uniforme
que no conjunta con la solidaridad.
Maldigo la codicia
que, subvencionando armas,
crea la gran paradoja:
el hijo del rico juega a las pistolitas
mientras el hijo del pobre muere por ellas.
Pero pon la televisión que empieza Gran Hermano,
que está muy interesante y tampoco es para tanto.
domingo, 25 de octubre de 2015
martes, 9 de junio de 2015
Los días raros
Me quedaré durmiendo en tus sueños,
caminando en tus obsesiones.
Buscaré tu nombre hasta en el reverso de una etiqueta de cerveza
y en la casualidad de las formas de las estrellas
que ni parpadean para observarte.
Me perderé en tus indecisiones
para reencontrarme
con tus exigencias, pero
sobre todo
buscaré tus inseguridades
para amarlas hasta que las pierdas.
No voy a permitir segundas oportunidades
y me lo jugaré todo al negro
de tus ojos
o al rojo
de tus bragas.
En este largo invierno,
sé que volveremos a vernos
y que esa mirada volverá para que pueda entrar en ella.
Hice mi hogar de aquella fugaz mirada.
caminando en tus obsesiones.
Buscaré tu nombre hasta en el reverso de una etiqueta de cerveza
y en la casualidad de las formas de las estrellas
que ni parpadean para observarte.
Me perderé en tus indecisiones
para reencontrarme
con tus exigencias, pero
sobre todo
buscaré tus inseguridades
para amarlas hasta que las pierdas.
No voy a permitir segundas oportunidades
y me lo jugaré todo al negro
de tus ojos
o al rojo
de tus bragas.
En este largo invierno,
sé que volveremos a vernos
y que esa mirada volverá para que pueda entrar en ella.
Hice mi hogar de aquella fugaz mirada.
lunes, 11 de mayo de 2015
¿Sabes qué?
¿Sabes qué? Creo que al final he conseguido ganar; no sé si una batalla o la guerra entera; no sé si contra el mundo, contra mí mismo o contra ella; pero al final he ganado. Que mis últimas, y penúltimas, lágrimas nacen de la risa y no de la desesperanza, y que ya tocaba. Que las horas de insomnio ya no las curo con ella; que ahora tengo mis sueños, mis divagaciones, mis tonterías de siempre, como siempre; como nunca. Que he vuelto a vibrar de felicidad, y que por primera vez, quizás en más tiempo del necesario, no necesite sus labios, ni los suyos, ni los suyos tampoco; porque tengo los míos para decir en voz alta que me toca mover ficha y vivir. Que la cama ya no se queda grande porque mis ganas de comerme el mundo ocupan más que yo mismo, que tampoco es mucho, pero que es muchísimo.Y que ya no aprieta el frío, que ya no, no, no y no, que ya era hora, aunque quizás sea por los veinticinco grados que hace esta noche en la que escribo. Su puta madre, qué calor. Pero su puta madre, que viva la mía.
lunes, 9 de marzo de 2015
Los abrazos cálidos
Los abrazos cálidos son
suaves o fuertes
de frente o de espaldas,
pero siempre
con los ojos cerrados,
el corazón abierto,
y sin premeditar.
Para un abrazo cálido
el impulso de darlos es agradecido,
la necesidad de recibirlos triste,
pero siempre espontáneo
y con todo el aliento
que merece su nombre.
En los abrazos cálidos,
tanto el remitente
como el vínculo con su destinatario
cobran una importancia esencial;
pues en ese abrazo
se pronuncian sentimientos
que probablemente jamás articularán los labios.
Un abrazo cálido no es solo un abrazo que nunca se olvida,
sino un abrazo en el que quedarse a vivir para siempre.
suaves o fuertes
de frente o de espaldas,
pero siempre
con los ojos cerrados,
el corazón abierto,
y sin premeditar.
Para un abrazo cálido
el impulso de darlos es agradecido,
la necesidad de recibirlos triste,
pero siempre espontáneo
y con todo el aliento
que merece su nombre.
En los abrazos cálidos,
tanto el remitente
como el vínculo con su destinatario
cobran una importancia esencial;
pues en ese abrazo
se pronuncian sentimientos
que probablemente jamás articularán los labios.
Un abrazo cálido no es solo un abrazo que nunca se olvida,
sino un abrazo en el que quedarse a vivir para siempre.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Un suspiro
Una brisa danzaba con mi pelo y le robaba la vida a mis labios. El frío de la noche húmeda intentaba atravesar mi cazadora en busca de mis huesos. El silencio exigía jurisdicción en lo alto de aquel santuario. Presenciar esa escena era vivir una dimensión desconocida para el resto de la rutinaria humanidad: miles de luces resplandeciendo hasta el horizonte, los focos de algún coche que serpenteaba por la montaña, la vida recuperando el aliento que tantas veces se le ha arrancado.
La ciudad. Y una luna enorme, casi llena, vigilante. El tiempo casi inerte, se quedaba también observando la panorámica. El aire no era puro, sino segundos de vida que ganaba con cada inspiración. No necesitaba música para aquel momento, sino que el propio latido del corazón ya marcaba el ritmo lento que la imaginación se encargaba de acompañar. Después de tantísimo tiempo, era la primera vez que su corazón latía y repartía al resto del cuerpo un suspiro de paz.
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