De vez en cuando, mejor dicho a veces,
me dejo caer por calles carcomidas,
folios en blanco, canciones a medias,
y vulnerables cuerpos.
A veces, sin buscarlo,
me cruzo con sonrisas contagiosas,
una musa caprichosa, un poema de Neruda,
o un beso cortado.
A veces, bueno, esta vez a menudo,
yerro en predicciones,
más en acciones,
mucho más en no-acciones.
Suele suceder, supongo.
Sucede el miedo,
sucede el olvido,
o el extremo recuerdo,
y sobre todo la incertidumbre.
Tiempo inútil empleado, pienso.
Tan largo recorrido buscándome
sin haber llegado a entender que
no me encuentro si no te busco.
viernes, 24 de febrero de 2017
sábado, 25 de junio de 2016
Yo
Pero quién acaricia mi cansancio
en las oscuras noches invadidas por la soledad,
esa soledad que duele.
Quién cura con dos palabras
las heridas provocadas por este mundo
henchido de odio y frustración.
Quién me busca y me agarra
cuando, a tientas, no me encuentro
ni toco con la punta de los dedos
más que mis taciturnas inseguridades.
Pero quién quiere de mí
aquello que yo mismo
repudio.
Quién enciende velas de sonrisas
cuando la apatía se hace fuerte.
No me arrepiento de haber elegido
esta forma solitaria de vivir
pero aún así lo siento,
y en estas horas de debilidad me pregunto
¿quién me salva de estas noches de mierda?
lunes, 29 de febrero de 2016
Vine a escribir (otra vez)
Vine a escribir (otra vez),
de la misma forma en que volví,
del mismo modo que abandoné.
Vine a no estar,
pero dejando huella.
Vine a escribir rincones
íntimos y oscuros,
delante de un público comprado,
que aplaude con entusiasmo
pero sin convencimiento.
Vine a escribir sobre este mundo
cada día más maldito, menos justo,
y sobre ti,
cada día más guapa, y menos tangible.
Vine a escribir, a eso vine.
A escribir entre copas de vino,
noches infinitas y mañanas dolorosas,
que la vida solo entiende de acción
y no de voluntad.
Vine a escribir sobre nosotros, todos,
sobre la burda necesidad de disfrazarnos
para vestir de hueso
nuestras inseguridades.
Vine a escribir para gritar todo aquello
que no pudiendo callar
jamás podré contar.
de la misma forma en que volví,
del mismo modo que abandoné.
Vine a no estar,
pero dejando huella.
Vine a escribir rincones
íntimos y oscuros,
delante de un público comprado,
que aplaude con entusiasmo
pero sin convencimiento.
Vine a escribir sobre este mundo
cada día más maldito, menos justo,
y sobre ti,
cada día más guapa, y menos tangible.
Vine a escribir, a eso vine.
A escribir entre copas de vino,
noches infinitas y mañanas dolorosas,
que la vida solo entiende de acción
y no de voluntad.
Vine a escribir sobre nosotros, todos,
sobre la burda necesidad de disfrazarnos
para vestir de hueso
nuestras inseguridades.
Vine a escribir para gritar todo aquello
que no pudiendo callar
jamás podré contar.
domingo, 25 de octubre de 2015
Tampoco es para tanto
Maldigo este mundo
que, indebidamente fraccionado,
ha creado en las miradas
manantiales de impotencia en aquellos
que no perdieron su capacidad de hablar,
pero sí de ser escuchados.
Maldigo la decencia
que, durante sus largas vacaciones,
ha dejado nacer
buitres disfrazados de gaviota
donde el traje y corbata es uniforme
que no conjunta con la solidaridad.
Maldigo la codicia
que, subvencionando armas,
crea la gran paradoja:
el hijo del rico juega a las pistolitas
mientras el hijo del pobre muere por ellas.
Pero pon la televisión que empieza Gran Hermano,
que está muy interesante y tampoco es para tanto.
que, indebidamente fraccionado,
ha creado en las miradas
manantiales de impotencia en aquellos
que no perdieron su capacidad de hablar,
pero sí de ser escuchados.
Maldigo la decencia
que, durante sus largas vacaciones,
ha dejado nacer
buitres disfrazados de gaviota
donde el traje y corbata es uniforme
que no conjunta con la solidaridad.
Maldigo la codicia
que, subvencionando armas,
crea la gran paradoja:
el hijo del rico juega a las pistolitas
mientras el hijo del pobre muere por ellas.
Pero pon la televisión que empieza Gran Hermano,
que está muy interesante y tampoco es para tanto.
martes, 9 de junio de 2015
Los días raros
Me quedaré durmiendo en tus sueños,
caminando en tus obsesiones.
Buscaré tu nombre hasta en el reverso de una etiqueta de cerveza
y en la casualidad de las formas de las estrellas
que ni parpadean para observarte.
Me perderé en tus indecisiones
para reencontrarme
con tus exigencias, pero
sobre todo
buscaré tus inseguridades
para amarlas hasta que las pierdas.
No voy a permitir segundas oportunidades
y me lo jugaré todo al negro
de tus ojos
o al rojo
de tus bragas.
En este largo invierno,
sé que volveremos a vernos
y que esa mirada volverá para que pueda entrar en ella.
Hice mi hogar de aquella fugaz mirada.
caminando en tus obsesiones.
Buscaré tu nombre hasta en el reverso de una etiqueta de cerveza
y en la casualidad de las formas de las estrellas
que ni parpadean para observarte.
Me perderé en tus indecisiones
para reencontrarme
con tus exigencias, pero
sobre todo
buscaré tus inseguridades
para amarlas hasta que las pierdas.
No voy a permitir segundas oportunidades
y me lo jugaré todo al negro
de tus ojos
o al rojo
de tus bragas.
En este largo invierno,
sé que volveremos a vernos
y que esa mirada volverá para que pueda entrar en ella.
Hice mi hogar de aquella fugaz mirada.
lunes, 11 de mayo de 2015
¿Sabes qué?
¿Sabes qué? Creo que al final he conseguido ganar; no sé si una batalla o la guerra entera; no sé si contra el mundo, contra mí mismo o contra ella; pero al final he ganado. Que mis últimas, y penúltimas, lágrimas nacen de la risa y no de la desesperanza, y que ya tocaba. Que las horas de insomnio ya no las curo con ella; que ahora tengo mis sueños, mis divagaciones, mis tonterías de siempre, como siempre; como nunca. Que he vuelto a vibrar de felicidad, y que por primera vez, quizás en más tiempo del necesario, no necesite sus labios, ni los suyos, ni los suyos tampoco; porque tengo los míos para decir en voz alta que me toca mover ficha y vivir. Que la cama ya no se queda grande porque mis ganas de comerme el mundo ocupan más que yo mismo, que tampoco es mucho, pero que es muchísimo.Y que ya no aprieta el frío, que ya no, no, no y no, que ya era hora, aunque quizás sea por los veinticinco grados que hace esta noche en la que escribo. Su puta madre, qué calor. Pero su puta madre, que viva la mía.
lunes, 9 de marzo de 2015
Los abrazos cálidos
Los abrazos cálidos son
suaves o fuertes
de frente o de espaldas,
pero siempre
con los ojos cerrados,
el corazón abierto,
y sin premeditar.
Para un abrazo cálido
el impulso de darlos es agradecido,
la necesidad de recibirlos triste,
pero siempre espontáneo
y con todo el aliento
que merece su nombre.
En los abrazos cálidos,
tanto el remitente
como el vínculo con su destinatario
cobran una importancia esencial;
pues en ese abrazo
se pronuncian sentimientos
que probablemente jamás articularán los labios.
Un abrazo cálido no es solo un abrazo que nunca se olvida,
sino un abrazo en el que quedarse a vivir para siempre.
suaves o fuertes
de frente o de espaldas,
pero siempre
con los ojos cerrados,
el corazón abierto,
y sin premeditar.
Para un abrazo cálido
el impulso de darlos es agradecido,
la necesidad de recibirlos triste,
pero siempre espontáneo
y con todo el aliento
que merece su nombre.
En los abrazos cálidos,
tanto el remitente
como el vínculo con su destinatario
cobran una importancia esencial;
pues en ese abrazo
se pronuncian sentimientos
que probablemente jamás articularán los labios.
Un abrazo cálido no es solo un abrazo que nunca se olvida,
sino un abrazo en el que quedarse a vivir para siempre.
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