Maldigo este mundo
que, indebidamente fraccionado,
ha creado en las miradas
manantiales de impotencia en aquellos
que no perdieron su capacidad de hablar,
pero sí de ser escuchados.
Maldigo la decencia
que, durante sus largas vacaciones,
ha dejado nacer
buitres disfrazados de gaviota
donde el traje y corbata es uniforme
que no conjunta con la solidaridad.
Maldigo la codicia
que, subvencionando armas,
crea la gran paradoja:
el hijo del rico juega a las pistolitas
mientras el hijo del pobre muere por ellas.
Pero pon la televisión que empieza Gran Hermano,
que está muy interesante y tampoco es para tanto.
Nos encanta!
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