Los abrazos cálidos son
suaves o fuertes
de frente o de espaldas,
pero siempre
con los ojos cerrados,
el corazón abierto,
y sin premeditar.
Para un abrazo cálido
el impulso de darlos es agradecido,
la necesidad de recibirlos triste,
pero siempre espontáneo
y con todo el aliento
que merece su nombre.
En los abrazos cálidos,
tanto el remitente
como el vínculo con su destinatario
cobran una importancia esencial;
pues en ese abrazo
se pronuncian sentimientos
que probablemente jamás articularán los labios.
Un abrazo cálido no es solo un abrazo que nunca se olvida,
sino un abrazo en el que quedarse a vivir para siempre.
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